lunes, 20 de octubre de 2014

Camas y no-camas (II parte)

Yo en las Escadarias de Rio de Janeiro en Lapa!
En estos últimos meses he viajado más de lo normal: Rio de Janeiro, Bogotá, Montería, Coveñas, Medellín, Porto Alegre, Gramado y otra vez Rio. Tomé más de 15 vuelos en un período de 80 días, mas o menos. Estuve varias horas en varios aeropuertos, incluso dormí en el piso del aeropuerto de Rio y regresando de Colombia, dormí en el aeropuerto de São Paulo, esta vez unas horas en un hotel y otras en un sillón de Starbucks. Con esto, como es de esperarse conocí muchas no-camas, y entre ellas mucha gente nueva. 

Las no-camas las encontré por medio de Airbnb, una plataforma virtual que le da la posibilidad a cualquier persona de 196 países de alquilar un cuarto o una vivienda. Es una de las tantas plataformas que están dejando que cualquier persona brinde productos o servicios que antes eran ofrecidos por especialistas. Todo el que tiene un carro se volvió taxista con Uber, todo el mundo puede vender cosas usadas con Mercado Libre, OXL, enjoei.com en Brasil, todo el mundo puede ser hotel con Airbnb. Es una dinámica que se llama “consumo colaborativo”, “sharing economy”, o “peer economy”. De las ciudades en las que he estado estos últimos meses utilicé Airbnb en 3: Gramado, Porto Alegre y Rio. Y después de vivir esta experiencia me prometí no quedarme otra vez en un hotel, a no ser que sea absolutamente necesario.



Las 2 veces que fui a Rio me quedé en el apartamento de Aline Campbell (Foto), una artista plástica carioca que me dejó la linda sensación de que hay gente buena en este mundo. La primera vez en su casa conocí a Matteo, un gringo que vino a pasar sus vacaciones a Brasil con el sueño de encontrar a la mujer de su vida aquí, porque como el dice: “las brasileras son más lindas y más buenas”. La segunda vez fue en Gramado (foto), la ciudad que yo llamo la Disneylandia brasilera, una ciudad hecha, falsa, absolutamente creada, como si fuera un parque, en donde todas las casas tienen que ser construidas bajo padrones estéticos de la Alemania del siglo XIX. Gramado es como una reina de belleza operada. Lindísima, pero nada espontánea, ni real. Conociendo esta ciudad entendí que no me gustan este tipo de lugares. Mi no-cama estuvo muy normal también. 

La tercera vez fue en Porto Alegre, ciudad que fue catalogada por la ONU como la mejor ciudad para vivir en Brasil, una ciudad llena de árboles y según lo que dice en Wikipedia, una de las más alfabetizadas de país. Me quedé esta vez en la casa de Renata, una chica a la que le gusta hacer pole dance y leer, en su sala hay una barra y un estante que va desde el piso hasta el techo lleno de libros. Aunque fue solo una noche, fue una experiencia interesante. Siempre es interesante conocer otra formas de ver el mundo. Una de las cosas que hablaba con Renata es que Airbnb te enseña a ser tolerante, dejar los estereotipos, no quedarse con una sola historia sobre un lugar, nos ayuda a ser mejores personas también.

Desde que salí de mi casa a los 17 años, y más aquí en Brasil me he dado cuenta que el mundo está lleno de gente buena, dispuesta a ayudar. La cuestión está en ‘pedir’ como dice Amanda Palmer en su charla de TED. Es claro que a la malicia te la puedes encontrar en una esquina y que es muy difícil llegar a una ciudad a comenzar todo de nuevo. Pero es bonito sentir que hay gente que desafía a los comentarios sobre los peligros del mundo. Es bonito sentir que hay gente que confía, que cree, que comparte, que va sin miedo, que sigue sus sueños, que le abre las puertas al mundo, que pide y que da. Mi vida de no-camas seguirá con Airbnb y espero que sea por mucho tiempo.

Para leer Camas y no-camas (I Parte) hacer clic AQUI

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