[Versão em português embaixo]
La vida es una montaña rusa. A veces lenta, a veces rápida, a veces subiendo, a veces bajando, a veces ninguna de la dos. El juego de la vida consiste en controlar esos rieles para tratar de que no vayan en bajada. Estudiar, trabajar, salir, conocer gente, crecer, casarse, tener hijos. Nada de eso es fácil. Una de las cosas que hace difícil la vida, en mi opinión, es la relación con las personas. Hay días que quisiera estar de acuerdo con todos, no ser tan sensible, ser más flexible, no tener diferencias, o simplemente no sentir o no tener que relacionarme con nadie. Suena a cosa de ermitaños ¿No? Pero, naturalmente no puedo. Si lo pienso mejor, no quiero. El sistema tampoco me deja y mi vida sería más difícil, paradójicamente.
La vida es una montaña rusa. A veces lenta, a veces rápida, a veces subiendo, a veces bajando, a veces ninguna de la dos. El juego de la vida consiste en controlar esos rieles para tratar de que no vayan en bajada. Estudiar, trabajar, salir, conocer gente, crecer, casarse, tener hijos. Nada de eso es fácil. Una de las cosas que hace difícil la vida, en mi opinión, es la relación con las personas. Hay días que quisiera estar de acuerdo con todos, no ser tan sensible, ser más flexible, no tener diferencias, o simplemente no sentir o no tener que relacionarme con nadie. Suena a cosa de ermitaños ¿No? Pero, naturalmente no puedo. Si lo pienso mejor, no quiero. El sistema tampoco me deja y mi vida sería más difícil, paradójicamente.
Siempre estamos dependiendo de algo
y por lo tanto de alguien. La autosuficiencia es una utopía y más en estos
tiempos. Norberto Chaves dice: “Se ha universalizado el “prêt-á-porter” [...] el
individuo ya no tiene que molestarse en producir nada; su actividad se limita,
en el mejor de los casos, a escoger.” Y es así, siempre estamos necesitando de
alguien, aunque sólo sea para escucharnos.
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Wilson de la película "Náufrago" |