viernes, 25 de noviembre de 2011

Escaleras

Vivo en el apartamento 405. Todos los días de mi vida subo (y bajo), por lo menos, 3 escaleras. Recién nos mudamos a este lugar me quejaba, no entendía porque al arquitecto del conjunto no se le ocurrió instalar un ascensor.

Ahora es parte de mí, subir al cuarto piso lo encuentro normal. Mis piernas, mis brazos, mi miente y mi cuerpo se han acostumbrado paulatinamente a ello. He calculado el tamaño de los escalones, conozco el lugar estratégico para poner mis manos, sé exactamente donde tengo que pisar para no caerme al dar la vuelta, puedo andar por ellas en sandalias, tenis e incluso tacones. 

Subir escaleras con agilidad y sin cansancio ha sido cuestión de tiempo, como todo en este mundo. Hace una semana leía en una famosa revista nacional que los genios no existen, su éxito reside en las horas de práctica que le dedican a lo que hacen. 

El tiempo es el gran causante de muchas cosas, agregando que es importante ser constante y disciplinado, ya sea porque nos toca, como es el caso de las escaleras, o porque nos gusta. Con el pasar del tiempo se olvida o se aprende, o puede ser solo lo último, cada cosa que aprendemos se va superponiendo y es eso lo que llamamos olvido. El tiempo es la gran encubadora de cosas buenas y también el gestor de vicios implacables. 

Nota publicada en el blog Mil canciones incrustadas en los Huesos el 15 de Julio de 2010. 

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