jueves, 8 de enero de 2015

Lo que dejó el que se fue


A comienzos del año pasado, mas o menos por estos días estaba en el Tayrona con algunos amigos, tomando té de coca, jugando UNO, disfrutando el mar de fondo, el cielo estrellado y siendo feliz. En el paseo dijimos que haríamos una segunda parte este año, pero son muchas cosas las que pasan en un año, y por razones que no caben aquí, aún no hemos ido, y no veo planes de ir. En un año, como leí ayer en una imagen en Facebook, mucha gente entra, deja o se queda en tu vida. Muchas cosas pasan, el tiempo es una gran incubadora de todo tipo de cosas. Y un año es suficiente para cambiarlo todo. 

Mis amores son otros, mis sueños son otros, mis pies son otros, mi lengua es otra, mi mente también. Todo lo que viví este año lo llevo a cuestas y paradójicamente eso lo va cambiando a uno. Algunas cosas la he olvidado, otras las llevo muy presentes y así voy construyendo año tras año, esto que soy. Este año que pasó viajé más de lo que pensaba, en el momento en que el menos planes de viajar tenía, más aviones me tocó coger, y no sólo aviones, también buses, carros, y hasta mis propios pies. Conocí gente me ha enseñado mucho, otras que han sido ejemplo, ejemplo de lo que debo y no debo hacer, tal vez un contraejemplo, gente que es mejor no recordar y gente que se ha robado mi corazón inexplicablemente. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Montería y sus anaranjados

Cada vez que salgo del avión cuando llego a Montería desde Brasil respiro profundo y me quedo viendo el horizonte por el tiempito que me deja la persona que va atrás de mi. Una de las cosas más lindas que tiene este lugar es su atardecer, me idiotiza ver el cielo ligeramente lleno de múltiples anaranjados con el valle del Sinú de fondo. Esta vez no fue diferente. Al dar el primer paso cuando salí del avión respiré profundo, y me quedé viendo el horizonte hasta que la señora que venía detrás de mi me tocó el hombro. Esperando las maletas pensé que toda mi vida, o por lo menos por mucho tiempo, seguiré haciendo lo mismo año tras año, hasta que ya no me quede otra persona que visitar en Montería.

Montería es la ciudad donde nací y donde viví hasta los 17 cuando me mudé a Barranquilla para ir a la Universidad. Ahora que vivo en Brasil vengo por lo menos a pasar navidad aquí. Desde la primera vez que me fui no la he visto con los mismos ojos. Mirar desde lejos siempre es más fácil. Entender lo que pasa en tu ciudad cuando tienes tiempo de no visitarla, es paradójicamente más fácil. Nelson Mandela decía: “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuanto has cambiado tu”. Es exactamente lo que me pasa con este lugar. Cada vez que me alejo y vuelvo me doy cuenta que aunque hayan más centros comerciales y las personas coman sushi, esto sigue más o menos igual. Entonces la que he cambiado he sido yo.


viernes, 24 de octubre de 2014

¿Qué es estar solo?

Estar solo es sacar las llaves de la cartera, abrir la puerta y saludar a la gente de tu casa con una gran sonrisa cuando por dentro estás más triste que la película “La vida es bella”.
Estar solo es no tener quien rascarte la espalda, ni hacerte un masaje, ni verte un granito que tienes en la oreja.
Es ir a cine solo, y luego dar una vuelta al parque y sentir un mareo como de whiskey al ver tanta gente junta.
Estar solo es aprender a escoger las frutas, las verduras, aprender a cocinarte, es tomar pequeñas (y grandes) decisiones sin consultarle a nadie.
Es ver pasar una noche del viernes con ganas de hablar con alguien y no saber con quien. Es mirar todos los contactos del celular una y otra vez sin escoger un nombre, y quizás intentar un chat en Facebook.
Estar solo es sentirse invencible, y duro, tanto que a la vida le puedes bailar un tango, si es necesario. Y luego darte cuenta que te puedes caer dando la vuelta, que un tacón se puede partir, que no todo está bajo control.
Estar solo es dormir abrazando a tu almohada.
Es conocer mucha gente en la calle, pero ninguna que te acompañe al dentista cuando tienes dolor de muela.
Estar solo es tomarte café con un libro y de vez en cuando un mensaje en el Whatsapp.
Es bailar solo frente al espejo.
Estar solo es salir a la calle con una ropa que te queda horrible, o con un maquillaje mal hecho.
Es sentir tanto silencio que escuchas la televisión del vecino.
Estar solo es querer un gato, o un perro.
Es no tener más opciones en Netflix.

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lunes, 20 de octubre de 2014

Camas y no-camas (II parte)

Yo en las Escadarias de Rio de Janeiro en Lapa!
En estos últimos meses he viajado más de lo normal: Rio de Janeiro, Bogotá, Montería, Coveñas, Medellín, Porto Alegre, Gramado y otra vez Rio. Tomé más de 15 vuelos en un período de 80 días, mas o menos. Estuve varias horas en varios aeropuertos, incluso dormí en el piso del aeropuerto de Rio y regresando de Colombia, dormí en el aeropuerto de São Paulo, esta vez unas horas en un hotel y otras en un sillón de Starbucks. Con esto, como es de esperarse conocí muchas no-camas, y entre ellas mucha gente nueva. 

Las no-camas las encontré por medio de Airbnb, una plataforma virtual que le da la posibilidad a cualquier persona de 196 países de alquilar un cuarto o una vivienda. Es una de las tantas plataformas que están dejando que cualquier persona brinde productos o servicios que antes eran ofrecidos por especialistas. Todo el que tiene un carro se volvió taxista con Uber, todo el mundo puede vender cosas usadas con Mercado Libre, OXL, enjoei.com en Brasil, todo el mundo puede ser hotel con Airbnb. Es una dinámica que se llama “consumo colaborativo”, “sharing economy”, o “peer economy”. De las ciudades en las que he estado estos últimos meses utilicé Airbnb en 3: Gramado, Porto Alegre y Rio. Y después de vivir esta experiencia me prometí no quedarme otra vez en un hotel, a no ser que sea absolutamente necesario.

martes, 16 de septiembre de 2014

CAUSAlidades

Creo que las cosas mayormente pasan por algo. En el 2011, cuando vivía en Juiz de Fora (Minas Gerais), le escribí a una mujer argentina por couchsurfing preguntándole si podía darme posada a mi y una amiga ecuatoriana en su casa en Tirandentes (Minas Gerais), una ciudad histórica de Brasil muy famosa que queda a 150 KM de donde yo estaba. La mujer, que se llamaba Paula Spivak, me respondió diciéndome que sí, que llevara bolsas de dormir porque me nos íbamos a quedar en la sala. Mi amiga y yo nunca nos decidimos y, por razones que no recuerdo, no fuimos a Tiradentes esa vez. 

martes, 1 de julio de 2014

Una Monteriana en el Mundial de Belo Horizonte

Aquí en Belo Horizonte se respira fútbol. Y no es para menos. El estádio Mineirão ha sido el escenario de 5 partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2014. Varios equipos y gente de diferentes países han pasado por aquí: Grecia, Irán, Bélgica, Argelia, Argentina, Inglaterra, Costa Rica, Chile, Brasil y por su puesto, Colombia. 

El partido de Colombia vs. Grecia, fue el primer partido al que fui en toda mi vida. Nunca había entrado a un estadio para ver fútbol. Ni siquiera cuando vivía en Barranquilla. Y bueno, no me quejo de que mi primer partido haya sido en un mundial y viendo a la selección Colombia. Lo que más me gustó de toda la experiencia fue cantar el himno de mi país en una ciudad en que la llevo viviendo 2 años. Nunca había visto tantos colombianos aquí. Ese día fue algo como: Si Matina no va a Colombia, Colombia viene a Matina. Me emocionó mucho. Del resto, no veía muy bien a los jugadores, porque compré las entradas más baratas y me tocó detrás de la portería, primero de Grecia y luego de Colombia. Además que tenía mucho dolor de muela desde que me desperté por la mañana. En el primer tiempo no encontraba al amigo con el que fui y me tocó celebrar el gol de Armero con los brasileros que estaban a mi lado. Lo mejor vino después. 

Colombianos y brasileros viendo el partido Colombia vs. Uruguay en la Praça da Savassi (BH)