[Versão em português embaixo]
He dormido en muchas camas: de soltero, camas dobles, cunas, camarotes, sofá-camas, etc. En situaciones normales, la cama como lugar de descanso es un lugar de entrega, nos entregamos a las sábanas, a ese pedazo de tiempo, el sueño es como un no-estar, estando, confiamos ciegamente (y esto es literal) en el ambiente que rodea la cama. Nadie piensa cuando se va a dormir que el techo le va a caer encima, que va a entrar un murciélago por la ventana, o que se va a partir una pata de la cama. Nos acostamos, cerramos los ojos y es como si nos metiéramos dentro del colchón.
He dormido en muchas camas: de soltero, camas dobles, cunas, camarotes, sofá-camas, etc. En situaciones normales, la cama como lugar de descanso es un lugar de entrega, nos entregamos a las sábanas, a ese pedazo de tiempo, el sueño es como un no-estar, estando, confiamos ciegamente (y esto es literal) en el ambiente que rodea la cama. Nadie piensa cuando se va a dormir que el techo le va a caer encima, que va a entrar un murciélago por la ventana, o que se va a partir una pata de la cama. Nos acostamos, cerramos los ojos y es como si nos metiéramos dentro del colchón.
Particularmente me gusta mi cama. Una cama
doble que me espera en Montería y que mi mamá compró para mí después de que mi
hermana se fue a vivir con su esposo en otra casa. Esta cama es de madera, una
madera que desprende un olor un poco dulce, que deja mi cuarto perfumado y lo
hace particular. El colchón que la acompaña es más duro que blando, algo perfecto,
porque tengo problemas de espalda, y las sábanas siempre son de algodón.
