domingo, 13 de noviembre de 2011

Personas-Chocolate

Este parrafo me le encontré en el computador viejo. Lo escribí hace algún tiempo y me pareció chévere. Ahí se los dejo.


Todos tenemos cosas raras dando vueltas alrededor de lo que somos. Raras en el sentido de que no son parte de uno aunque estén ahí. Son como el chocolate que está en la puerta de la nevera y no es nuestro, aunque el cuerpo se rebose de ganas no debemos tomarlo. Si lo hacemos vendrán las consecuencias: El dueño nos reclamará, tal vez nos pida que le compremos uno nuevo, que no lo volvamos a hacer, quizás no meta más chocolates a la nevera, o los esconda detrás de las verduras. El chocolate no es nada raro. Hay chocolatinas en todos los supermercados. Lo raro es que esté en mi nevera, y no pueda (deba) comerlo. En el mundo existen personas-chocolate, ahora mismo está una tocando la puerta. Quiero abrirle, pero no la dejaré pasar. Creo que se ha equivocado de apartamento. 


martes, 8 de noviembre de 2011

Normal

Los sentimientos son propios del ser humano. No existe la insensibilidad en nosotros. Todos, sin excepción, amamos, o odiamos, nadie se va desde este mundo sin sentir, sin ir mas allá de la razón. Algunos son más expresivos, con los gestos, las palabras, las formas de actuar, van diciendo lo que se les pasa por el corazón, otros, simplemente guardan silencio, usan gestos neutrales y van por la vida como si nada les importara, también hay personas en el medio, personas que se pasean por los matices. Creo que todos tenemos partes en nuestras vidas en donde no compartimos sentimientos con el otro, entiéndase otro, como el sujeto con el que completamos una relación, ya sea de amistad o de pareja, entonces resulta que encontramos momentos especiales donde el otro no lo ve, sentimos la felicidad al lado, pero el otro no la siente, creemos que son minutos irrepetibles, pero el otro lo encuentra absolutamente normal, también hay ocasiones donde somos el otro. Con el pasar del tiempo puede ser que lo que nos hacía amar la vida, desaparezca, lleguen otras personas, seamos diferentes, o también puede ser que no hayan eventos mas allá (o menos acá) de lo que es natural, y el amor, en cualquiera de sus facetas, esté dentro de lo que llamamos normalidad, nada que se ubique en los extremos, ni es la felicidad plena, ni la tristeza que nos inunda.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Nudos

Hoy escuché un comentario que me hizo reflexionar. Realmente me causó gran tristeza, porque seguramente muchas personas piensan parecido. No podía creer lo que esa persona estaba diciendo. Aparte de quitar cierto atractivo que veía en él, me hizo entender un poco donde vivo, me hizo ver al egoísmo frente a mí, me hizo cambiar mi concepción de mundo. Yo no acostumbro a tocar esos temas aquí en el blog, pero tengo que desahogarme, espero que no manden una carta de no sé donde insultándome, como me pasó con otra nota.

Creo que la educación es un derecho para todos. Gracias a la educación es que los pueblos avanzan, porque a través de ella se genera conocimiento. Estoy sentada frente al computador, porque a alguien algún día se le ocurrió que las comunicaciones podían ser digitales, y se detuvo a ver y a experimentar, hasta que llegó a esto a lo que en este momento doy golpecitos para transmitir a una pantalla lo que pienso.

La educación en Colombia no es la mejor, somos un país que no investiga, y que seguimos copiando muchas cosas de Europa. Particularmente, desde el diseño puedo decir que en la universidad aprendí más de la historia del diseño europeo que del diseño latinoamericano. Igualmente cuando estudiaba música.  Gran parte de mi plan de estudios eran piezas de Bach, Beethoven, Mozart, etc., "porque eran la base" de lo que hoy se conoce como música occidental, todos europeos.  Porque aunque queramos ocultarlo, seguimos atados a este continente, ya no con cadenas que hacen sangrar, sino con otro tipo de ataduras, y es la educación (y con ella la investigación) una manera de romper estos lazos.

Cereté - Córdoba - Colombia

Somos una nación que tiene capital para invertirle a la educación así como lo ha hecho con la guerra y como lo han demostrado los grandes robos que salen en los diarios, somos un país pobre, porque con eso hemos crecido, y no es fácil salirse de ahí. Para entender que la educación la debemos tener todos se necesita de educación, ver nuevos horizontes, creer que existen más posibilidades. No me imagino a Elvira, la joven que ayuda a mi madre con las labores del hogar, pensando que puede salirse de ahí. No porque ella no tenga las capacidades, porque sea menos que yo, sino porque no tiene las herramientas suficientes para pensar que es posible la movilidad social, que aunque su mamá se haya casado a los 15, haya tenido 6 hijos, y también haya sido muchacha del servicio, ella puede salir adelante con su trabajo y esfuerzo. Algo parecido pasa conmigo en diferentes proporciones.

Elvira no sabe leer, a lo sumo escribe su nombre, y ese es el perfil necesario de un pueblo maleable, de un pueblo que se deja convencer con espejitos, cemento, y ladrillos para una casa nueva. Eso es lo que se necesita para que unos cuantos tengan oportunidades y los otros se pudran en la miseria. No se puede decir que la educación es un privilegio para pocos, eso sería volver varios siglos atrás. Todos, sin discriminación, debemos tener la oportunidad de ir a una escuela y aprender, y dejar de ser mano de obra barata, dejarnos asombrar de los países que sí investigan, soltar los nudos que nos atan a la pobreza. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Olvido

El olvido es el gran antídoto para el dolor. No hay nada más poderoso que olvidar. Me refiero a los dolores del alma, porque para los dolores del cuerpo existen otras cosas que salen de laboratorios o de cabezas ‘creativas’, también de la experiencia. El problema del olvido que entre más tratemos de olvidar, menos lo hacemos, porque si nuestro deseo es olvidar el objeto es porque está ahí, latiendo. El olvido es igual a pasado, no existe en el futuro, ni en el presente. Para el olvido lo mejor es pensar en otras cosas, buscar nuevos paisajes, abrir nuevas ventanas, pasar la página, las nuevas vivencias van tapando el hueco en donde vive lo que queremos olvidar y es así como avanzamos. Por lo menos así ha sido conmigo. Se me queda el celular en la casa porque seguramente pensaba en un asunto más importante, no recuerdo ciertos nombres porque no los uso diariamente, porque no tienen gran peso en mi vida. Olvidar es sinónimo de superponer, de abrirle los brazos a lo nuevo, a lo no-vivido.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mientras voy en el bus hacia Pampulha

El amor es el sentimiento que hace que los seres humanos perduren en la tierra, por eso deberíamos odiarnos todos para ver si algún dejamos de ser el peor mal del planeta.

Nos da miedo amar porque algunas veces la otra persona también se cierra, porque los sentimientos no son siempre recíprocos, porque nos ha pasado antes.

Existen personas que sienten conexiones tan rápidamente que en pocos minutos ya han creado algo.
Creo en el amor a primera vista, en lo que no creo es en las relaciones amorosas duraderas basadas en amores a primera vista, porque para tener una relación no basta amar.

Cuando dos personas se encuentran han conspirado dos factores: el tiempo y el espacio. Podemos amar al mismo tiempo pero si no compartimos el  mismo lugar, es complicado, la Internet no da para sostener una relación, por lo menos no para mí, y menos sin tener la esperanza de que algún día me voy a encontrar con esa persona. Por otro lado, podemos amar a alguien en la misma ciudad, pero no al mismo tiempo, como dice una amiga mía: amamos en destiempo, amamos primero o amamos después, pero no al mismo tiempo, conozco personas que no quisieron nada en el momento en que la otra quería una relación, entre esas personas estoy yo, también conozco personas que quisieron una relación con alguien, pero ese alguien no quiso una relación con ellas, entre esas también me encuentro. 

jueves, 1 de septiembre de 2011

Parques

Cuando la plata no alcanzaba, la gente quería tomar vino y no había casa que nos aguantara, los parque eran el único lugar que con sus brazos abiertos nos dejaba sentarnos en sus jardines o en sus escalones para tocar guitarra y apreciar la noche desde la intemperie. Como nosotros habían otros más que estaban por ahí y que de vez en cuando se veían atraídos por el sonido de una guitarra noctámbula y entonces, el grupo crecía, sin pensar en que nos íbamos a encontrar otra vez, ni en la calle, ni en la Internet, porque Facebook no existía.

De los parques, especialmente los de Barranquilla, puedo decir que les guardo cierto respeto por dos cosas, primero porque hay que tener cuidado: si no estás en un grupo grande y no conoces el ritmo de la ciudad, puede resultar peligroso, (aunque se peligro en el ambiente es algo emocionante), una vez me atracaron en una de esas andanzas, y segundo porque, pasé noches maravillosas debajo de la luna y con gente que no se encuentra a la vuelta de la esquina, aunque sí en los parques.

Estos lugares son la oficina de mucha gente extraña que vive en la calle, y que le gusta la noche. Aquí en Belo Horizonte, hace dos fines de semana, con guitarra en mano y 10 personas junto a mi, nos fuimos a la Praça da Libertade a conquistar la madrugada con canciones. Al grupo llegaron 3 personajes: el primero era un tipo que traía una caja mágica, para abrir la caja recitó un poema hecho por el mismo con palabras que le pidió a la audiencia, después de un verdadero show, quitó la tapa y mostró lo que había dentro: bombones de chocolate para la venta y que según él, el mismo hacía. El segundo tipo era un metalero, vestía un abrigo negro hasta los pies, tenía el pelo largo, unas ojeras de tres meses y le faltaba un dedo en la mano derecha, le gustaba acompañar las canciones percutiendo la caneca de la basura, particularmente el tipo me cayó bien, la rudeza de su vestimenta no iba con la dulzura de su forma de ser. El tercer tipo era un morador de la calle que insistía en tocar mi guitarra, tenía mas o menos como un año sin bañarse y por lo tanto un olor a sopa rancia consecuente con la situación. Se la presté con cierto recelo, me imaginaba en Once, una pelicula en donde al protagonista le roban la plata que se ganó tocando guitarra en la calle, pero como buena colombiana, desconfié. Al fin tocó una canción que me gustó del grupo brasilero Legião Urbana llamada Tempo perdido, y con esto llegaron otras personas, porque la guitarra antes de ser otra cosa, es social.

Los parques siempre traen historias, la calle siempre trae historias, el hecho de salir de la casa ya es lanzarse a la vida, pero no cualquier vida, La vida.