Este parrafo me le encontré en el computador viejo. Lo escribí hace algún tiempo y me pareció chévere. Ahí se los dejo.
Todos tenemos cosas raras dando vueltas
alrededor de lo que somos. Raras en el sentido de que no son parte de uno
aunque estén ahí. Son como el chocolate que está en la puerta de la nevera y no
es nuestro, aunque el cuerpo se rebose de ganas no debemos tomarlo. Si lo
hacemos vendrán las consecuencias: El dueño nos reclamará, tal vez nos pida que
le compremos uno nuevo, que no lo volvamos a hacer, quizás no meta más chocolates
a la nevera, o los esconda detrás de las verduras. El chocolate no es nada
raro. Hay chocolatinas en todos los supermercados. Lo raro es que esté en mi
nevera, y no pueda (deba) comerlo. En el mundo existen personas-chocolate,
ahora mismo está una tocando la puerta. Quiero abrirle, pero no la dejaré pasar.
Creo que se ha equivocado de apartamento.
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