miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mientras voy en el bus hacia Pampulha

El amor es el sentimiento que hace que los seres humanos perduren en la tierra, por eso deberíamos odiarnos todos para ver si algún dejamos de ser el peor mal del planeta.

Nos da miedo amar porque algunas veces la otra persona también se cierra, porque los sentimientos no son siempre recíprocos, porque nos ha pasado antes.

Existen personas que sienten conexiones tan rápidamente que en pocos minutos ya han creado algo.
Creo en el amor a primera vista, en lo que no creo es en las relaciones amorosas duraderas basadas en amores a primera vista, porque para tener una relación no basta amar.

Cuando dos personas se encuentran han conspirado dos factores: el tiempo y el espacio. Podemos amar al mismo tiempo pero si no compartimos el  mismo lugar, es complicado, la Internet no da para sostener una relación, por lo menos no para mí, y menos sin tener la esperanza de que algún día me voy a encontrar con esa persona. Por otro lado, podemos amar a alguien en la misma ciudad, pero no al mismo tiempo, como dice una amiga mía: amamos en destiempo, amamos primero o amamos después, pero no al mismo tiempo, conozco personas que no quisieron nada en el momento en que la otra quería una relación, entre esas personas estoy yo, también conozco personas que quisieron una relación con alguien, pero ese alguien no quiso una relación con ellas, entre esas también me encuentro. 

jueves, 1 de septiembre de 2011

Parques

Cuando la plata no alcanzaba, la gente quería tomar vino y no había casa que nos aguantara, los parque eran el único lugar que con sus brazos abiertos nos dejaba sentarnos en sus jardines o en sus escalones para tocar guitarra y apreciar la noche desde la intemperie. Como nosotros habían otros más que estaban por ahí y que de vez en cuando se veían atraídos por el sonido de una guitarra noctámbula y entonces, el grupo crecía, sin pensar en que nos íbamos a encontrar otra vez, ni en la calle, ni en la Internet, porque Facebook no existía.

De los parques, especialmente los de Barranquilla, puedo decir que les guardo cierto respeto por dos cosas, primero porque hay que tener cuidado: si no estás en un grupo grande y no conoces el ritmo de la ciudad, puede resultar peligroso, (aunque se peligro en el ambiente es algo emocionante), una vez me atracaron en una de esas andanzas, y segundo porque, pasé noches maravillosas debajo de la luna y con gente que no se encuentra a la vuelta de la esquina, aunque sí en los parques.

Estos lugares son la oficina de mucha gente extraña que vive en la calle, y que le gusta la noche. Aquí en Belo Horizonte, hace dos fines de semana, con guitarra en mano y 10 personas junto a mi, nos fuimos a la Praça da Libertade a conquistar la madrugada con canciones. Al grupo llegaron 3 personajes: el primero era un tipo que traía una caja mágica, para abrir la caja recitó un poema hecho por el mismo con palabras que le pidió a la audiencia, después de un verdadero show, quitó la tapa y mostró lo que había dentro: bombones de chocolate para la venta y que según él, el mismo hacía. El segundo tipo era un metalero, vestía un abrigo negro hasta los pies, tenía el pelo largo, unas ojeras de tres meses y le faltaba un dedo en la mano derecha, le gustaba acompañar las canciones percutiendo la caneca de la basura, particularmente el tipo me cayó bien, la rudeza de su vestimenta no iba con la dulzura de su forma de ser. El tercer tipo era un morador de la calle que insistía en tocar mi guitarra, tenía mas o menos como un año sin bañarse y por lo tanto un olor a sopa rancia consecuente con la situación. Se la presté con cierto recelo, me imaginaba en Once, una pelicula en donde al protagonista le roban la plata que se ganó tocando guitarra en la calle, pero como buena colombiana, desconfié. Al fin tocó una canción que me gustó del grupo brasilero Legião Urbana llamada Tempo perdido, y con esto llegaron otras personas, porque la guitarra antes de ser otra cosa, es social.

Los parques siempre traen historias, la calle siempre trae historias, el hecho de salir de la casa ya es lanzarse a la vida, pero no cualquier vida, La vida.

domingo, 28 de agosto de 2011

¿Qué prefieren los hombres?

¿Cómo conquistar a alguien? es la pregunta que me llevo haciendo estas dos últimas semanas. He olvidado todas las tácticas y los métodos ¿Existe un manual? ¿Dónde lo venden? ¿En algún out-let?

Las miradas son importantes, dice mucho mirar sin hablar, pero también sin palabras no se llega a nada, hay que escoger bien la forma y el fondo. Conquistar es como venderse, mostrarse. Hoy escuché una canción de Teatro Mágico, un grupo brasilero, que dice: "Ella no sabe quien soy yo, ella no habla mi idioma" y con esto reforcé mi pensamiento de que para lograr esa venta el idioma es fundamental.

Cuando se quiere estar con alguien el físico hace parte del gran todo, pero no es lo único, conozco tipos bonitos que no tienen nada en la cabeza, también conozco tipos bonitos, que se creen feos y así ya vamos mal. Particularmente, mis gustos no van con el típico modelo hollywoodense del tipo mono de ojos azules, a mi me conquista la actitud y esa mirada al mundo desde una óptica escondida .

Un amigo dice que si una mujer no le presta atención de entrada, tampoco le prestará a la salida, para mí, tiene algo de cierto, pero también me parece un pensamiento conformista, un extremo, el otro sería la intensidad. ¿Habrá alguna fórmula? A ciertas mujeres les gusta que le regalen flores y las saquen en carro a pasear, a comer, al cine. ¿Qué prefieren los hombres?

Centros comerciales

Los centros comerciales son casi iglesias, la gente va los domingos y entrega al consumismo su diesmo. Pedro Guera dice en un concierto que estando en Colombia pidió a alguien llevarlo a conocer la ciudad, y esta persona lo llevó a un centro comercial, queda claro que clase de persona que era esta, que se olvidó que existen los parques, los atardeceres, los museos o los lugares turísticos . Las ciudades no se conocen por los centros comerciales, cuando se entra ahí las personas se convierten en ciudadanos de occidente y es como si perdieran su nacionalidad y tradiciones, no existen muchas diferencias entre un centro comercial de Buenos Aires, uno de São Paulo y otro de Bogotá, las marcas pueden variar, la fisionomía de la gente también, pero el acto de querer vender (y comprar) hasta la madre, es el mismo. De los centros comerciales me gustan los cines, para conocer el movimiento de una ciudad, prefiero ir las ferias, por ejemplo.

Feria Hippie  - Belo Horizonte (Brasil)

martes, 16 de agosto de 2011

Libros usados

Buscando un lugar donde vendieran libros baratos en esta ciudad, alguien me dijo que se conseguían de segunda en la calle Padre Café después de la estación de gasolina de la Av. Independencia. Desde hace varios días estaba con la idea de ir, pero ahora estoy con Estrella distante, un libro de Roberto Bolaño que compré en el viaje a Buenos Aires y siempre me he dicho que es mejor no comprar libros hasta que no termine lo que estoy leyendo, también siempre termino haciendo lo contrario, así que emprendí mi búsqueda.

El nombre del lugar no lo sabía, llegué a la calle que me dijeron, pregunté en la farmacia de la esquina y el vendedor me dijo que había algo parecido a la mitad de la siguiente cuadra, fui para allá y mientras lo hacía me imaginaba en una película, como Julia Roberts en Comer, rezar y amar conociendo las calles de Italia, a diferencia de que ella estaba en Milán y yo en Juiz de Fora, pero puedo decir que el sol , mis gafas oscuras y la botella de agua en la mano me hacían imaginar una cámara en frente mio siguiendo mis pasos.

Cuando llegué a la mitad de la cuadra vi un letrero que decía Quarup, tenía cara de lo que estaba buscando, pero no veía libros por ningún lado, era un pasillo largo, tipo la ultima sede de Caza de Poesía en Barranquilla, entré, el pasillo estaba lleno de plantas y al final de él había una casa pequeña, con una mesa y varias sillas afuera, en una de las sillas estaba un señor que me recibió con la frase "A ti te estaba esperando", y llegué a asustarme, ¡Yo también estaba esperando esté momento! debí contestarle, pero luego entendí que el tipo estaba equivocado.


Afuera de la casa también estaba una pila de libros viejos en inglés, me senté a esperar a que alguien llegara a abrir la libreria, y después de unos 10 minutos apareció un señor que me hizo pasar de una vez. No conocía algo parecido, las paredes estaban llenas de libros en inglés, español, italiano, y había montañas de libros y revistas. Ahí me tomé un café que me brindó el vendedor, y me llevé varios libros de arte y una novela de Jorge Amado, un famoso escritor brasilero. Juiz de Fora me sorprendió, parece que tres meses no fueron suficiente para conocerla como me hubiera gustado. Estas son las cosas que me gustan de las ciudades, lugares que tienen una magia que no logro describir, pero que se siente.

domingo, 7 de agosto de 2011

Mi Barranquilla

Hoy sentada por fin en un café en Juiz de Fora, tomándome un macchiato, le contaba a mi amiga brasilera que viví en Barranquilla por seis años. Sentí que tenía tantas cosas que contar que no me iban a caber en la boca. Barranquilla es una ciudad llena de situaciones que me sorprendieron para bien. Los personajes que viven allá no se encuentran en otros lugares: el tipo que vende aguacates en el semáforo de la 75 con 51 y que se viste de saco y corbata bajo un sol que provoca una temperatura de 40 grados centígrados. Anibal Tobón, de la sepultada Caza de Poesía, con su barba, su pinta y las tantas cosas que ha hecho para que actividad cultural barranquillera no sea sólo un recuerdo. El señor que trabaja en el mercado y se parece al Ché Guevara. Marcos, el vendedor de libros de segunda que hace un par de años se suicidó, y otros tantos, sin meter a las personalidades del Carnaval, que ya son otro cuento.

Los lugares en Barranquilla, siempre están contando historias, es como si las personas que estuvieron ahí hubieran dejado rastros en las paredes, unos rastros que no son visibles, pero que se sienten. Ir a Lunabril, por ejemplo, un barcito que queda en la 49 con 74 en el Prado, uno de los barrios más viejos de la ciudad, implica sentarse a tomar cerveza no sólo con las personas con que las que se va, sino también con las que en otro tiempo estuvieron ahí. La casa cuenta una historia, que para cada quien puede resultar diferente, pero que a la final es una historia buena, con energía positiva, que calma, que me hacía olvidar de tantas cosas. Los fines de semana, generalmente, después de ahí me iba para La Troja, que como ya he hablado antes en el blog, es un sitio de salsa muy famoso y popular, considerado como patrimonio de la ciudad y en donde se conservan long play’s muy antiguos y de los cuales, algunas veces, existen pocas copias en el mundo. La troja queda en la esquina de la 74 con 44, abren desde la tarde hasta las tres de la mañana, es un lugar muy iluminado al que va todo aquel que le gusta bailar salsa, no importa si es rico, pobre, bajito, alto, feo, bonito, homosexual, heterosexual, sino sabe bailar, si sabe, no importa.  Lo que importa es disfrutar de la noche hasta que el cuerpo aguante.

En Barranquilla siento un ambiente de bacanería típica de todo el caribe colombiano, y que describiría como la forma de actuar que tienen las personas en pro de los otros, de querer compartir con respeto la fiesta, el sentirse a gusto. Eso es un bacán, un tipo chévere, legal, que no está pensando hacer mal, sino, por el contrario, en agradar a las personas de una forma relajada, informal, haciéndolas sentir en confianza, sin perder el respeto. Personas así se encuentran en el mercado, en las fiestas, en los parques, yo diría que todo barranquillero lleva un bacán en sus adentros que sale a la luz dependiendo de las circunstancias.

En fin, tantas cosas: sus edificios, sus problemas, los arroyos, su música, la gente, cosas que hay que vivirlas para entenderlas, cosas que me hicieron conocer más al Caribe, ese Caribe colombiano, que como decía David Sanchez Juliao, va logrando una gradación, como la de los colores, desde Córdoba hasta la Guajira, en la forma de hablar de su gente, en su música, en la comida, las cosas que hacen a diario, etc.