domingo, 7 de agosto de 2011

Mi Barranquilla

Hoy sentada por fin en un café en Juiz de Fora, tomándome un macchiato, le contaba a mi amiga brasilera que viví en Barranquilla por seis años. Sentí que tenía tantas cosas que contar que no me iban a caber en la boca. Barranquilla es una ciudad llena de situaciones que me sorprendieron para bien. Los personajes que viven allá no se encuentran en otros lugares: el tipo que vende aguacates en el semáforo de la 75 con 51 y que se viste de saco y corbata bajo un sol que provoca una temperatura de 40 grados centígrados. Anibal Tobón, de la sepultada Caza de Poesía, con su barba, su pinta y las tantas cosas que ha hecho para que actividad cultural barranquillera no sea sólo un recuerdo. El señor que trabaja en el mercado y se parece al Ché Guevara. Marcos, el vendedor de libros de segunda que hace un par de años se suicidó, y otros tantos, sin meter a las personalidades del Carnaval, que ya son otro cuento.

Los lugares en Barranquilla, siempre están contando historias, es como si las personas que estuvieron ahí hubieran dejado rastros en las paredes, unos rastros que no son visibles, pero que se sienten. Ir a Lunabril, por ejemplo, un barcito que queda en la 49 con 74 en el Prado, uno de los barrios más viejos de la ciudad, implica sentarse a tomar cerveza no sólo con las personas con que las que se va, sino también con las que en otro tiempo estuvieron ahí. La casa cuenta una historia, que para cada quien puede resultar diferente, pero que a la final es una historia buena, con energía positiva, que calma, que me hacía olvidar de tantas cosas. Los fines de semana, generalmente, después de ahí me iba para La Troja, que como ya he hablado antes en el blog, es un sitio de salsa muy famoso y popular, considerado como patrimonio de la ciudad y en donde se conservan long play’s muy antiguos y de los cuales, algunas veces, existen pocas copias en el mundo. La troja queda en la esquina de la 74 con 44, abren desde la tarde hasta las tres de la mañana, es un lugar muy iluminado al que va todo aquel que le gusta bailar salsa, no importa si es rico, pobre, bajito, alto, feo, bonito, homosexual, heterosexual, sino sabe bailar, si sabe, no importa.  Lo que importa es disfrutar de la noche hasta que el cuerpo aguante.

En Barranquilla siento un ambiente de bacanería típica de todo el caribe colombiano, y que describiría como la forma de actuar que tienen las personas en pro de los otros, de querer compartir con respeto la fiesta, el sentirse a gusto. Eso es un bacán, un tipo chévere, legal, que no está pensando hacer mal, sino, por el contrario, en agradar a las personas de una forma relajada, informal, haciéndolas sentir en confianza, sin perder el respeto. Personas así se encuentran en el mercado, en las fiestas, en los parques, yo diría que todo barranquillero lleva un bacán en sus adentros que sale a la luz dependiendo de las circunstancias.

En fin, tantas cosas: sus edificios, sus problemas, los arroyos, su música, la gente, cosas que hay que vivirlas para entenderlas, cosas que me hicieron conocer más al Caribe, ese Caribe colombiano, que como decía David Sanchez Juliao, va logrando una gradación, como la de los colores, desde Córdoba hasta la Guajira, en la forma de hablar de su gente, en su música, en la comida, las cosas que hacen a diario, etc.


jueves, 4 de agosto de 2011

Para ser sincera

Para ser sincera, he borrado de mi computador todo rastro tuyo con el firme propósito de que salgas de mi cabeza. Para la gripa que tengo ahora tomo unos sobrecitos con sabor a naranja, ¿Qué tomo para ti? ¿Algo con sabor a olvido? 

No hay que confundir la soledad con el amor

No importa que los vinos se te suban a la cabeza,  no llames, ni escribas, ni escuches las canciones que te traen más recuerdos, esa persona no va a volver así de fácil. La soledad no es mala, sirve para conocernos, para hacer lo que nos gusta, para gastar tiempo con nosotros mismos, entrenarse, ser más fuerte.  
No hay que confundir la soledad con el amor, si las cosas se acabaron, por algo fue.  A veces recordamos más las cosas bonitas que los desastres y terminamos enredados otra vez, pero no te preocupes, con el pasar de las horas te darás cuenta que estás equivocado, que no es que se están despertando esos sentimientos, es que te sientes solo.
No hay que confundir la soledad con el amor. Que necesites a alguien no quiere decir que ames a la persona que se fue, puede ser algo corporal, ya sabes, necesidades básicas. Date tiempo, descubre qué es lo que realmente te gusta, haz ejercicio, mírate en el espejo, quiérete, amate en silencio, encuentra el silencio. 

martes, 19 de julio de 2011

Brasil no es bossa nova

Brasil no es bossa nova, eso es música para extranjeros, dice mi amiga brasileña, tanto que muchas canciones tradicionales las han traducido al inglés. Es música de exportación, algo que a la masa brasilera no le importa mucho. Brasil no es Bossa Nova y era esa la música que yo esperaba escuchar en la calle, la que yo quería cantar en clases de portugués, la que me imaginaba de fondo en los bares de Juiz de Fora.

Tampoco hay Garotas de Ipanema por doquier, ni hombres románticos que comparan peces con besos. Brasil no es favelas, existen, pero no están en todos lados, tampoco todo es droga y playa. La imagen que muestran los medios de comunicación casi siempre es errada y exagerada. Lo que he visto aquí es algo que no está muy lejos de lo que es Colombia: A la gente le gusta el funk (se lee founky), un ritmo que se parece al reggaeton en su manera de referirse al sexo como el placer más sublime. Es como el opio del pueblo, la cachaça do povo. En las favelas de Rio de Janeiro, donde la educación es escasa, la gente consume lo que ve en la televisión, que no es más que es una mezcla de religión y sexo. El sexo se evidencia en el funk y la religión en el montón de iglesias que hay en estos lugares, situación que se replica en otras favelas y en lo que no es favela también.

Pero no solamente eso se escucha, también existe el forró, la samba y el pagode, los brasileros saben mover su cuerpo, se siente la sangre negra en su música, el tambor siempre presente. Así como Colombia no es drogas, Cuba no es Fidel, México no es telenovelas, Brasil no es bossa nova, y para mí que soy una romántica empedernida es decepcionante.

viernes, 15 de julio de 2011

Brasilombia

Todo cambió cuando llegué aquí. Desde lo que como en el desayuno hasta la ropa que uso para salir los fines de semana. Incluso la palabra amor es diferente, se pronuncia diferente, se vive diferente, no es muy parecida a lo que soy, a lo que me han enseñado, a lo que he copiado de la calle, de mi familia, mis amigos. Aún no me acostumbro, el amor brasilero y el amor colombiano tienen sus diferencias, o mejor, entre un brasilero y un colombiano hay muchas diferencias que podría resumir básicamente a esto: el brasilero es directo, sabe lo que quiere y va derecho sin rodeos, el colombiano, aunque sabe lo que quiere se va por los bordes (además de que las mujeres lo aceptan así, eso se lo enseñan a uno desde chiquita: “Entre más difícil se haga, hija, más rápido va a tener al hombre en sus manos”), entonces podemos decir que mientras un colombiano está tomando café detrás de una vieja, “conociéndola”, un brasilero ya ha besado a 3 en una noche. Los brasileros primero besan y luego intentan conocer, la mayoría de veces sólo besan, en Colombia los tipos intentan conocer y luego besan, por eso dice Heli que dice Rita Lee, la famosa cantante brasileña, que el sexo va antes y el amor después, aquí la gente primero se va a la cama y luego se piden los teléfonos, para mí es como mariposa y luego larva, como llegada antes de camino. Los brasileros, hombres y mujeres, se dejan guiar por la química, eso es más importante que tener gustos musicales parecidos o ver los mismos programas de televisión. En Colombia, lo más normal si se quiere una relación seria es que primero se hable un poco y luego sí viene lo demás. Supongo que son dos maneras diferentes de llegar a lo mismo, una más complicada que la otra (la brasilera es más complicada), pero finalmente una relación de dos.

Nota publicada en el blog BlueMonk Moods.

jueves, 7 de julio de 2011

(Imagine el título que se le de la gana)

Camino a casa desde el trabajo había encontrado el tema que acabaría con mi bloqueo mental, pero justo cuando apareció la página en blanco frente a mi todo se fue a un lugar que me gustaría saber cuál es porque no recuerdo nada. Seguramente sería una historia de amor o tal vez algún cuento del lugar dónde estoy viviendo, llevo un mes y medio aquí y es la hora y no escribo sobre eso. No es que no esté aprendiendo, ni hayan cosas que no me impacten, es que no sé como pasar eso a letras, me está costando, para estar aquí ahora tuve que buscar música instrumental, alguna cosa que me hiciera pensar y avivara un poco mi tacto. 

Parece que las palabras se han ido, y no quiero, soy una persona que necesita desahogarse, siempre estar hablando de lo que me pasa, de las cosas más triviales, de los momentos más simples, también me gusta oir a los demás, oir, el chat a veces me cansa un poco. Lo que realmente me gusta de todo eso es la compañía, una compañía no tan superficial, no basta una tarde o una noche, para el intercambio de experiencias se necesita tiempo, pasar los límites de las preguntas básicas como ¿cómo te llamas? ¿de donde eres? ¿si? ¿de Colombia? No basta con preguntar cómo se es, creo firmemente que las palabras son solamente una pista de lo que realmente pasa, para saberlo hay que vivirlo. Todavía no recuerdo cual era el tema de mi post de hoy, pero me da la impresión de que estoy saliendo del bloqueo.